Viejos Recuerdos

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Viejos Recuerdos

Mensaje  Flasker el Dom Ene 30, 2011 2:30 pm

La luz de la lámpara de aceite alumbraba el interior de la pequeña carreta. La luz atravesaba las botellas en las vitrinas acomodadas y ordenadamente etiquetados. En ellas había medicinas, licores y saborizantes, un pequeño librero dejaba espacio libre a un tomo fuera de su lugar encontrándose en donde su dueño había caído dormido. La carreta se estremeció cuando alguien tocaba la puerta, no era con fuerza pero era constante y con urgencia. El joven adentro despertó con el ruido de la puerta y las botellas tintineando. Se quito los anteojos para tallarse la cara, y conociendo de memoria el camino a la puerta se dirigió a ella para atender el urgente llamado.
Quien llamaba era una joven pelirroja. La luz de la luna llena alumbraba su rostro de porcelana y resaltaba sus hermosos ojos usaba un vestido de viaje y un suéter para cubrirse del frio. Al verla el joven dejo de tallarse la cara y termino de despertar. “disculpe que lo moleste a estas horas de la noche, me dijeron que usted es doctor” El médico sonrió “hago el mismo trabajo que un doctor, si eso es suficiente” La muchacha asintió con una expresión seria “necesito su ayuda señor, mi hermana pequeña, fue hechizada por un hada y necesita un trébol de luna llena”. El llevaba viajando un par de días con una caravana de migrantes irlandeses, había escuchado de ellos historias sobre hadas y duendes pero se extraño mucho que una joven como su visitante realmente las creyera. “Ese no es un remedio que conozca niña mía” La irlandesa lo miro con sus brillantes ojos al borde de las lagrimas “entonces por favor ayúdeme a conseguir uno, hay un campo aquí cerca, pero, tengo miedo de ir sola” El joven médico dio un suspiro, los migrantes habían sido amable con, habían cuidado su caballo, le alimentaron y rellenaron su licorera. Parecería muy ingrato de su parte rehusarse a algo tan pequeño, quizás tan solo una fantasía. Finalmente asintió tomando su sombrero. Se hecho su maletín de medicinas al hombro. “Te acompaño, pero llevare esto solo para asegurarme que el trébol funcione” dando unas palmaditas a su maletín.
Cerró su carreta y acaricio el pelaje de su caballo de tiro. Los dos caminaron al campo de tréboles y la joven se aferro de su brazo mirando a todos lados temerosa. Después de caminar en silencio por un rato ella hablo en voz baja “hay algo que tiene que saber sobre el trébol de luna llena” si la chica no fuera tan linda seguro ya se hubiera hartado de esos cuentos pero contesto cordialmente. “por favor, dígame que es tan importante sobre los tréboles de luna llena” La pelirroja se acerco a su oído para susurrarle “a las hadas no les gusta que los arranquen” Cuando ella se acerco el pudo ver los botones de su suéter por dentro de la prenda. “¿y por eso estas tan preocupada? Seguro no hay hadas por aquí cerca” La muchacha se estremeció “están por todos lados. Usted no cree en ellas ¿cierto?” “nunca he visto una realmente”. Ella respondió “tenga cuidado, usted puede no creer en ellas pero ellas creen en usted”
Caminaron en silencio alumbrados por la luna llena. Al llegar al campo ella señalo, soltó su brazo y se puso tras un árbol. Sin decir una palabra el joven camino hasta el centro mirando al suelo buscando algún trébol, no importaba mucho realmente, solo necesitaba tranquilizar a la joven y luego revisaría a la hermana, le daría algo para que se recuperara y todos felices. De pronto llamo su atención un Trébol de cuatro hojas, la luz de la luna reflejaba en su tallo como resplandeciendo destellos plateados, se agacho para tomarlo y miro hacia donde estaba la pelirroja que lo veía intrigada, arranco el trébol y en el momento en que la raíz se separo del suelo todo fue oscuridad para el joven médico.
Flasker despertó para encontrarse en aquel departamento barato. A pesar que había espacio suficiente, las cosas estaban arrinconadas como a la misma distancia de aquella carreta, como un toque de nostalgia. Arrastro una silla para mirar hacia la calle ignorando los pocos rasgos que quedaban de aquel joven médico reflejándose en el cristal de la ventana. Las cosas habían cambiado, el había cambiado. Miro a Virgilio, inerte sobre el escritorio y le dijo “Recuérdamelo, recuérdamelo cada vez que lo olvide, por favor”

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Localización : Un departamento barato y sucio

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