Cuentos de Terror

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Cuentos de Terror

Mensaje  Le Blanc el Lun Mar 14, 2011 6:36 pm

La Pequeña Gabriela

Había una vez una familia muy feliz, formada por una madre amorosa y su hermosa hija. Tan solo tenía seis años Gabriela cuando vió que su padre se separó de ellos, pero nunca le extrañó. Su madre le decía que el era un mal hombre, y que ella le daría todo el cariño que fuera necesario. Que siempre estarían juntas como mejores amigas, como madre e hija.

No había secreto que se guardarán, ni caricia que se reservarán. Si la madre enfermaba, la pequeña iba por sus medicinas y un poco de sopa tibia. Si la niña lloraba, el sincero abrazo de su madre era más que suficiente para dibujarle una sonrisa a la pequeña Gabriela.

Pudieron haber seguido así por siempre, pero lo más atesorado les fue arrebatado. Un día regresó la madre de trabajar, y la pequeña Gabriela corrió a darle un abrazo como siempre le hacía entre seis y siete de la tarde. La mamá no dijo nada. Estaba cansada y le pidió que le dejará dormir. Ni una caricia o beso de buenas noches le fue dado ese día a la pequeña. Gabriela iba apenas a cumplir los diez años.

Pasaron los días, y la madre le trajo un pequeño regalo a su criatura. Era una blusa blanca y celeste, con unas pequeñas zapatillas que hacían juego con el vestido. La pequeña Gabriela se acercó, pero miraba fijamente al rostro de su madre, sus ojitos azules no parpadeaban. Sin decir nada, se fue a su cuarto corriendo y cerró con llave.

Pasó una semana y continuaba encerrándose en su habitación después de mirarle a la cara. Un día el corazón de su madre no pudo más, y con la llave principal abrió el cuarto. Estaba muy limpio y la cama tendida, como si no hubiera sido usada desde la última vez que entró. Vió unos dibujos en la mesa, su hija había dibujado un par de rostros. Uno era hermoso, dibujado con colores brillantes y una sonrisa de oreja a oreja. El otro era horrible, como si estuviera hecho de lodo por piel y basura como dientes. El primero decía “Mami”, y el segundo en mayúsculas decía “TU NO ERES MI MAMI”.

Justo dio la vuelta para encontrarse con su hija corriendo hacia ella, en un chillido inhumano. Gritaba y gritaba y se avalanzó sobre su madre, exigiéndole el rostro de vuelta, o que se lo quitaría por la fuerza. Que su madre volviera, que donde la habían escondido.

Dicen que Gabriela sigue buscando a su mamá, aún después de que ya no es niña. Su cuarto lo han hecho blanco como la nieve, y la vienen a visitar personas vestidas del mismo color. Gabriela no se mueve mucho, ya que mujeres que decían ser su madre acabaron con el rostro muy lastimado, y ella solo decía que la quería engañar. Pero en el fondo, la pequeña Gabriela espera que su madre venga a darle un abrazo, y puedan de nuevo vivir juntas para siempre.
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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Lun Mar 14, 2011 7:13 pm

OOC: Muy buena historia. Por eso se lo llevaron.

NOTA: Todos están invitados a subir sus cuentos de Terror. Solamente por respeto a todos los foristas favor de seguir las reglas de comportamiento del foro y evitar temas explicitos como: sexualidad y tortura extrema. Se les pide que en caso de pensar que sus cuentos pudiesen contener un sentido explicito, por favor contacten a su ST's por aprobación para evitar estos sean removidos automaticamente del foro.

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Mar Mar 22, 2011 2:57 am

Un viejo dolor

El niño gritaba con un llanto atroz. Lagrimas. Mocos. Todos llenos de terror. La habitación negra donde gritaba solo tenía una puerta y un foco opaco que pendía sobre su cabeza. El niño gritaba irreverente. Gritos y gritos. Gritos de furia y dolor. Gritos de muerte y pasión. El niño golpeaba la puerta. La golpeaba con sus pequeñas manos. Sus deditos tomaban el picaporte e intentaban darle vuelta inútilmente. Cerrado. Gritos y llanto. Gritos y desesperación. Rasca la puerta y sigue gritando enloquecido. Rasca la puerta hasta que las uñas se le abren hasta atrás. Sigue rascando hasta que la sangre sale de sus dedos. Del otro lado de la puerta se escucha una bestia rabiante golpeando de vuelta. Horror y espanto. Temor y color gris. El infante se lleva las manos a la cabeza. Se retuerce en el suelo como un gusano. Se contorsiona hasta hacer crujir su espina. Burbujas y saliva espumosa salen de su boca. Se tuerce perdiendo la cordura. El foco tintinea. Su piel se pudre como las manzanas al sol. Se transforma en una estatua de piedra. En un capullo muerto. La luz se va. Luego regresa. La piedra se resquebraja y agrieta. De la coraza de niño emerge un ser. Ya no es él, ahora es un hombre. Desnudo frente a la puerta. La golpea y grita. Maldice y brama. Rasca y muerde la perilla. Un temblor. Se asusta. Pasos pesados se aproximan. Se aleja de la puerta. Sabe que ha llegado. Después de tanto tiempo de haberlo dejado allí marchitándose, regresa. La puerta se abre. Una mujer desnuda. Espantada. Delante de la carcasa de una niña de piedra sostiene algo en la mano. “Perdóname… Aquí está tu corazón…”

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Mar Mar 22, 2011 3:43 am

El Sátiro

Ayer te vi. Tan seria. Tan sensual. Tan lejos de mí. Te quise sentir una vez más. Fui a buscar una chica en algun bar. Una que me recordara a ti. Una que luciera como tú. Platicamos tonterías. Nunca les pongo atención. Solo pienso en ti. Juego con ella. La hago mi presa de esta noche. Bebemos. Bailamos. Y hasta nos damos un pasón. Se ríe conmigo. Se ríe de las cosas que digo. Solo le digo lo que todas quieren oír. Eres bella. Eres única. Eres la mejor. La beso y me besa. Le muerdo los labios. Juego con su sonrisa. Bebemos juntos de ese ágape. Ella se sigue embruteciendo con la droga de mis palabras. Me alimenta su deseo. Está deseando ser mi amada. Pero no puede serlo. Te pertenezco. Sabes que te amo. Sabes que cuando la beso te quisiera estar besando a ti. “¿En el tuyo o en el mío?”. En el tuyo. Así te podrás ir cuando acabemos y nunca regresaras.

Siempre están tan drogadas que no recuerdan como llegaron a nuestro departamento. Cruzamos el umbral. Me comienza a arrancar la ropa. Me lame el cuello. Correspondo a sus caricias. Intenta prender una luz, pero no la dejo. “Es mejor así, me gusta el misterio”, le digo. Nos dirigimos a nuestra cama. Esa que es nuestra siempre que traigo a alguien. La sigo besando mientras nos tiramos sobre las cobijas. “¿Hay algo aquí?” pregunta ingenua como muchas otras idiotas. “Solo olvidé quitar las cosas de la cama” respondo mientras continuamos. “Molesta un poco, creo que es tu control remoto… y esto debe ser un centro de mesa. No importa” dice inocente, sin ver. No te preocupes tonta, es solo para recordarla. Es solo para sentirla nuevamente. Consumamos el acto donde nos conocemos por ese instante, sin siquiera saber cuál es su nombre. Su nombre en este momento es el tuyo mi ninfa. El momento en el que nos rendimos al impulso de la carne. Y por un momento te siento en ella.

Ya se ha ido. Creo que escuché sus suspiros ahogados de espanto en la mañana cuando salía corriendo de mi departamento. Yo sigo acostado a tu lado. Tomo tu rostro marchito y lo beso con pasión. Es que los grises no pueden ver mis cuernos, ni mis patas de carnero. Así como tampoco pueden ver la belleza que se esconde en tus huesos… mi hermosa ninfa.


Última edición por Tank el Mar Mar 22, 2011 9:53 pm, editado 1 vez

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Mar Mar 22, 2011 6:34 pm

Hamlet II

Todos observan. La dama en la tarima en su atuendo medieval. Todos expectantes. Los reflectores en lo alto. Corre el Cuarto Acto. La Escena Cinco:

“…¿Y ya nunca volverá?
¿Y ya nunca volverá?
No, no, no, muerto está,
y tú muere ya,
pues él jamás volverá.
La barba, níveo blancor,
el pelo, rubio color;
Ya murió, ya murió.
¿A qué más dolor?
Acoja su alma Dios.
Y todas las almas cristianas,
si Dios quiere.
Adiós”.


Sale del escenario. Vitoreos. Aplausos. Una gran interpretación. La bella actriz se alimentaba de los deseos de aquellos que como Musa la idolatraban. Había interpretado a todas. Había sido Julieta, degustando cada verso de sus bellas palabras. Adoraba interpretar a la esposa del Cesar; Caluprnia. Le encantaba que todos quisieran morir por ella como si fuese Desdémona, mientras anhelaba ser consentida como Cordelia, intrépida como Lady Macbeth y deseada como Cleopatra. Inclusive aceptó el papel de la insípida Crésida con tal de probar algo distinto. Pero su favorita de todas era Ofelia. Pero siempre se preguntó ¿por que? Todos la felicitaban. Grandiosa. Elocuente. Viva. Tras bambalinas el director y la cuadrilla teatral la felicitaban. Fue hasta esa tarde cuando supo la razón. Se acercó a ver la función, abrió bien los ojos y se dio cuenta:

“…¡Voto a ... ! Dime lo que harás.
¿Piensas llorar, luchar, ayunar, desgarrarte?
¿O beber vinagre, comerte un cocodrilo?
Yo también. ¿Has venido aquí a lloriquear,
a rebajarme tirándote a la fosa?
Si te entierras con ella, yo también.
Y si hablas de montañas, que nos echen encima
fanegas a millones hasta que la tierra
se queme la cabeza en el círculo solar
y el Osa parezca una verruga. Si voceas,
yo hablaré tan hinchado como tú”.


Era él. Hamlet. Su andar. Su presencia. Su endemoniada manera de hablar. Amaba ser Ofelia para soñar con él. Estaba confundida. Aturdida. Sentía el mundo volar. No sabía que hacer.

“…¡Ah, ya muero, Horacio!
El fuerte veneno señorea mi ánimo.
No viviré para oír las nuevas de Inglaterra,
pero adivino que será elegido rey
Fortinbrás. Le doy mi voto agonizante.
Díselo, junto con todos los sucesos
que me han llevado... El resto es silencio”.


Le ve morir en el escenario y llora como la primera vez que lo presenció. Las luces se apagan y él se le acerca. “¿Estuve bien?” Ella no le contesta. No puede. Se encuentra entumida. La compañía le felicita. Abrazos. Besos. Manos en el aire. Rostros contentos. Ella atónita. El tiempo viaja rápido mientras lo ve con su vestuario de príncipe de Dinamarca.

“…Llevaos los cadáveres. Esta escena,
más propia de batalla, aquí disuena.
Vamos, que disparen los soldados.”


Los soldado salen de escena marchando, se escucha el tiro de un cañón salir por las bocinas que hacen vibrar el teatro. Aplausos. Rosas como para llenar un jardín. Todos salen. “¿Estas lista?” Él le toma la mano. Su corazón late alterado. Salen juntos. El Glamour la cunde por dentro. Está en el cielo junto con su amado. Por fin. Sus manos calidas. Ella lo siente. Hoy le dirá.

Las cortinas caen. Todos van hacia atrás. Un corcho sale disparado de una botella de champagne. Un brindis. Ella no le quita los ojos de encima. Lo adora. Su porte. Su imponencia. Ella se siente desnuda frente a él, cuando se da cuenta que no sabe nada de su verdadero ser.

Se le acerca. Paso a paso siente mariposas volando en su estomago. Se siente como una niña de colegio. Confía en que él es su príncipe. Aquel a quien revelará todos sus secretos. El unico que comparte lo que ella siente al actuar. Aquel que conocerá hasta la forma verdadera de su ser. Lo invitará. Está vez lo hará. “¡Hola…!” Lo ha dicho muy quedo. No sabe como. Se anima. “Yo quisiera…” Del pantalón del trágico príncipe suena un celular. “Bueno… ¡Hola! ¿Cómo estas amor? Claro... Nos veremos hoy... Yo llevaré las películas… Si, esta vez me puedo quedar toda la noche... Yo también te amo… Ciao Willy”. Sus ojos se quedan abiertos como platos. Los pedazos de su ser caen en espiral. “Disculpa, era mi novio. ¿Me decías…?” El principe roto saca un cigarro y lo fuma con delicadeza, tirandole el humo al rostro. Algo en ella no queda nada bien. Odiaba su descubrimiento. Lo odiaba a él. Pero amaba a Hamlet. Amaba las palabras dulces que le decía en el escenario. Solo podía pensar en la venganza. Debía actuar una vez más. Esta vez sin reflectores. Pero esta sería su mejor actuación. Sería la actriz principal pero también sería Directora de esta nueva obra de teatro urbano. Un performance crudo. Dirigiría la segunda parte inédita de la tragedia de Hamlet. Quizá tan trágica como alguna vez ni el mismo Shakespear la hubiese contado. Ofelia cobraría su venganza tras la traición descubierta al llegar al cielo y enviaría a Hamlet a donde merecía estar. Y esta vez Hamlet pagaría toda la sangre derramada.

Él despertó. No veía claramente. Pero poco a poco su vista se aclaraba. ¿Estaba en un jardín? No, era más como un bosque. No había un verdadero sendero. Pero estaba tirado entre zarzas espinosas. Los espinos largos le cortaban al contacto. “¿Dónde estoy?” Caminaba sin rumbo. Pareciendo como si nunca fuese a salir de aquel lugar. Sin caminos. Sin senderos. Fue cuando caminando tropezó y vio un par de calzas de de piedras preciosas. Subió la mirada y vio a una dama con un vestido hecho de luces azules y en su largo cabello las estrellas. “Mira, que hermosa criatura... ¿Estas perdido? No te preocupes, yo te daré un hogar. Me gusta tu atuendo. Sacaré de ti el hermoso ser que eres en realidad”. Una cadena de oro le recorrió el cuello al joven, mientras ella lo forzaba a caminar a su lado. Una suave risita salió detrás de un Seto espinoso. Regina Fortuna volteó sobre su hombro y lanzó un beso en esa dirección.

Acto segundo. Escena primera.

“Señor, mientras cosía en mi aposento,
aparece ante mí el Príncipe Hamlet
con el jubón desabrochado, sin sombrero
con las calzas sucias y caídas, como argollas
al tobillo, más pálido que el lino,
temblando las rodillas, y el semblante
tan triste en su expresión que parecía
huido del infierno para hablar de espantos”.


Aplausos. El publico extasiado ante la posible profecía que avecina su regreso. Ella lo sigue amando.

“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir, nada más…”


Su nombre ahora es Hamlet II, príncipe de Dinamarca. Aunque con gracia aun recuerda a Hamlet I, ahora siervo en Arcadia.

Tras bambalinas. Un corazón acelera su paso. Ella se asoma. Sonríe. Amor. Terrible y Crudo Amor.


Última edición por Tank el Jue Mar 24, 2011 7:22 pm, editado 1 vez

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Le Blanc el Mar Mar 22, 2011 9:56 pm

OOC:

¡Excelente!
Que no solo miembros del Otoño compartan sus historias de terror, para así tener material más diverso

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Mar Mar 22, 2011 10:00 pm

OOC: Si, de hecho yo tomé en cuenta que mis cuentos no los cuenta Tank. Pero si ando pensando en la idea de un personaje de Otoño. Estoy pensando en un espantapajaros o un Jack'o'lantern-head.

Los cuentos de Tank serían más como:

"Habia una vez un *explosión* "cartucho de dinamita..."

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Aqua el Mar Mar 22, 2011 11:57 pm

OOC:

Me ha gustado mucho el ultimo escrito, en especial por las referencias a los obras de Shakespeare y mucho mas por que no me imagine en ningun momento que lo fuese a llevar al Seto :S

Solo que me he quedado pensando en Hamlet II, era su fetch, ¿cierto?
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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Miér Mar 23, 2011 12:02 am

OOC: Bingo. Asi es.

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La mirada acechante

Mensaje  Sue Silvertongue el Jue Mar 24, 2011 6:02 pm

La mirada acechante
Abre la puerta.
Nada.
Cierra la puerta.

La oscuridad inunda el pasillo que da al vestíbulo. Las ventanas son arañadas por los rosales empujados por el viento nocturno. La pálida luz de la luna se cuela por las rendijas de la entrada, filtrándose entre el polvo que ha levantado del piso. Vuelve a su cama. Sus escasos cabellos húmedos de sudor se pega a la almohada que más que almohada parece una piedra. La noche es cálida y no hay manera de quitarse la sensación de fango en la piel, ese aire nocturno es abrasador con cada bocanada... Se da la vuelta y vuelve a dormir. Los sueños, son los sueños... Látigos, arañazos, mordidas... sangre que llena su boca, sangre caliente y espesa que invade su nariz y se pega a su garganta, ocluye su respiración y le ahoga mientras unos ojos ambarinos de pupilas dilatadas lo miran sin piedad. Despierta.

Toma la palangana de agua y se lava esa sensación lodosa en la piel. La sensación es reemplazada por un suspiro de frescura, pero el calor de la noche vuelve a tomar territorio y la humedad no se va. Se queda, pegada al cuello, a los ojos. Toma un trapo y se enjuga el sudor. Suciedad, fango en la piel de nuevo. No hay manera. Se sienta en la silla junto a la puerta, mirando la ventana llena de bichos y suciedad. Siente esa mirada pegada a su nuca. Esa mirada no se ha ido de ahí, pareciera que la había tatuado a la parte posterior de su cerebro. Volteaba invariablemente con cada sonido, con cada suspiro de la noche...
La mensajera en el camino había hecho su labor. Tendría que pagar la cuota. Mañana mismo pagaría el tributo. No podría vender las mercancías sin pasar por esa brecha... y ese cazador maldito con sus "animalejos" no lo dejaría pasar. Estúpida lince.
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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Jue Mar 24, 2011 7:24 pm

OOC: MEGA LIKES !

Creo que este tema tiene mucho futuro. Ojala todos se animen a escribir al menos un cuento de terror. What a Face

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Le Blanc el Lun Mar 28, 2011 4:05 am

La Montaña de Luz

Dicen que había nacido en un bote de regreso a casa. Tal vez la luna llena la cobijaba en sus primeros gritos, o que la madre dio luz en medio de un bosque. Nadie sabía la verdad de su nacimiento, pero había algo en aquel pequeño que todos detestaban. Se armaban de trinches apenas al verle, y tan solo recibía alimento por lástima o labores denigrantes.

Siempre confundido por la hostilidad de sus vecinos, un día despertó convencido de que encontraría a una mujer que vio en sus sueños. El encontrarla era el reto, y le dijo tanto como donde vivía como su nombre. La llamaban La Ambarina, y es todo lo que pudo saber.

Gastó unas cuantas monedas y de un burro y provisiones se armó. Cruzó bosques, montañas y ríos hasta llegar a su objetivo. Nunca pensó en rendirse, y la determinación se podía percibir en su rostro día a día. Después de mucho esfuerzo y a punto de desfallecer, encontró aquella pequeña cabaña.

Lo esperaba una mujer chaparrita y de buen semblante, quién inmediatamente le invitó una taza de leche y panecillos con azúcar. Pasó el día con ella, y de regreso aún recordaba las palabras que le dijo después de retirarse de aquel pequeño lugar.


Esa tristeza no te corresponde, pequeño
¿Te han lastimado a palabras aquellos desconsiderados?
Es por falta de luz, que sus juicios son equivocados
Trae un poco de fuego montado en un leño
Verás como serás escuchado
Y la montaña brillará por ti

Regresó el muchacho, habiendo cumplido su prueba y cargando con el un gran trozo de madera. Lo había cargado por días en su hombro, y el hambre no lo detenía, ni el fuego consumía la madera por completo. La gente lo quería muerto cuando regresó, pero lo que recibió fueron gritos de horror de todos los habitantes del lugar.

Las chozas ardían con el mero contacto al fuego, y las familias gritaban horrorizadas al ver sus cosechas y animales quemarse vivos. Casas, plantíos y cualquier persona que viviera ahí fue traída a polvo y a huesos. El chiquillo no sabía la razón por la cuál nadie lo recibió con un poco de cariño, como había prometido aquella mujer.

Dicen que aquella montaña aún emite un fuerte brillo en su pico en las noches de luna llena, y que el viento se encarga de llevar los gritos de desesperación de aquellos que ardieron bajo las brasas en aquella triste noche.
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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Lun Mar 28, 2011 4:25 pm

OOC:
Dream-Poison.
¿La ambarina era una Guardiana?

Muy buen relato. Me gustó que es un poco Lovecraftiano lo que sucedió.

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Lun Mar 28, 2011 7:01 pm

La Caperucita Dorada

Sus cabellos rubios. Ella corre. Las ramas lastiman. La Bestia. La persigue. Tropieza. Levanta el rostro. Las garras enormes se alzan proyectando una sombra. Ella grita...

Despierto. Volteo a verla. Está allí acostada. Elise. Esta vez no se ha dado cuenta. Espanto. Llevo varias noches viendo ese sueño. Terror. Estoy sudado. Me trago el miedo y me quedo despierto en la cama hasta el amanecer.

Subimos a la moto. La llevo a la universidad. Ella me ayudó a comprarla. La veo hasta que llega al frontispicio de la facultad de medicina. La volveré a ver hasta la noche, tiene mucho que estudiar. Siempre preparo la comida para ambos. Soñar perderla duele. Me enloquece. Estoy a punto de irme cuando noto algo raro. Tres sujetos me observan. Uno me señala. Deben ser vagos. No hago caso.

La tarde pasa tranquila. No puedo dejar de pensar que hoy será el día. Hago la rutina. Quiero volver a verla. El trabajo va bien. Pongo a trabajar a los muchachos cuando llega la hora. Hoy es el día. Voy por la cajita negra. Sé que tiene mucho que estudiar para su examen, pero puede esperar un momento. Han pasado años desde que la conocí. Hoy sucederá. La llevaré a donde más le gusta y será allí. Será una sorpresa. Cierro la cajita negra. Lo guardo en mi bolsillo. No le he dicho a nadie. Todos se burlarían de mi si supieran. Los muchachos no saben de estas cosas. Que importa lo que piensen. Hoy es el día.

Cuando ella se acerca guardando la bata blanca en su mochila, noto como todos nos observan. Lucimos tan distintos. Sé que soy afortunado. Ella me hace ser afortunado. Pronto se graduará y le ayudaré a poner su consultorio. La apoyaré como ella lo ha hecho conmigo. Incondicional. Me sonríe. No necesita decir nada. Todo está bien. La primera parada será ir a ese lugar donde nos tomaremos una foto. Ella escoge cual le gusta mas y pido que la enmarquen. La guardamos junto con las demás cosas.

La llevo al parque. Ese lugar que es tan hermoso al anochecer. La llevo a la banca donde por primera vez la besé. ¿Sospecha? Claro. Me conoce más que a nadie. Lo hago a la antigua. Sus ojos verdes brillan. Su cabello dorados lucen perfectos, enmarcando el rostro que tanto amo. Rodilla en tierra. Viéndola al rostro. Busco en el bolsillo del pantalón. “Elise, ¿quisieras tú…” Un gruñido. Algo me derriba. Algo me araña el rostro. Ella grita de terror. No sé que es. Forcejeo. Lo veo. Es un animal. Es más grande que un Doberman. Me muerde la mano. Lo arranco de encima de mí. “¡Corre!” Le grito. Es un lobo. Es un lobo negro. Un lobo muy grande que casi me arranca la mano. Corremos por el parque hacia un declive. Tenemos que acortar camino hasta la moto. Veo su melena rubia mientras corremos por nuestras vidas. Pasamos por unos árboles que nos pegan con sus ramas. Escucho los gruñidos del animal. Volteo a verla y la tomo de la mano. Me sale sangre. Mucha sangre. Veo su rostro. Algo pasa. “Es como…” Ella no corre tan rápido como yo, tropieza. La veo levantar el rostro. “…en el sueño”. Escucho un aullido. Veo al lobo acercándose. Me enfurece. Me deja de importar que no pueda usar una mano. Se lanza hacía mi. Lo recibo. Me tira al piso. Me muerde profundo. No te dejaré. Mi corazón se llena de furia. Veo en lo alto, entre las copas de los árboles, el brillo de la luna llena. Recuerdo las palabras de mi padre, antes de que nunca lo volieramos a ver. "Nunca he sido una presa..." Siento la rabia. "...Siempre he sido... Un cazador". Mi cabeza arde en dolor. ¿Qué es esto? Mis dedos se estiran. ¿Qué me sucede? Mi cráneo se alarga en un hocico dentado. ¿Qué está pasando? El bello sale de mi piel. ¿Por qué? Solo puedo ver el rojo sangre. No veo más que sangre. Las garras enormes se alzan proyectando una sombra. Escucho un grito de mujer. Caigo inconciente.

Despierto. Puedo mover la mano. Siento humedad en mis manos. Estoy manchado. Estoy cubierto de sangre caliente. No quiero voltear. Lagrimas llenan mis ojos cuando lo hago. No lo vi, pero temo lo peor. Volteo. Hay tres personas viendo el cuerpo inherte. “¡NO!” Los veo. Son los tres vagos que me veían esta tarde. Veo su cadaver con el cuello desgarrado. Veo la sangre en mis manos. “¡¿Qué me hicieron?!” Grito impotente. Solo me ven como si la muerte de Elise no significara nada. Siento el coraje hervir mi sangre. Uno de ellos se acerca y dice: “Tenemos mucho que explicar… ahuyentaste a uno de los Puros… le daremos un entierro digno y podrás vengarte de lo que te forzaron a hacer…ven con nosotros, te explicaremos...” Ellos se adelantan. Yo me arrodillo. Veo por ultima vez sus hermosos ojos verdes. Saco la cajita negra de mi bolsillo. Tomo la sortija. Sitúo el anillo de compromiso en su dedo. Lagrimas.

“Perdóname por todo amor mío… vivirás en mi corazón eternamente”.

Odia a los que lo forzaron a convertirse en lo que es y en cada cacería el lobo aun la recuerda. Vendió su departamento anterior y se mudó detrás del gimnasio donde trabaja. Aun en las noches recuerda sus caricias y su peso en la almohada. El hombre lobo aun llora sobre el cristal que protege la ultima fotografía de su Elise. La única que lo podía hacer sonreír. La única que pudo amar. La que su bestia se llevó. La que su mano ejecutó.

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Le Blanc el Jue Mar 31, 2011 12:52 am

El Resplandor del Bosque

- ¡Ya te he dicho muchas veces que el bosque es peligroso, no seas tonto y haz caso a tu abuela! – la voz de una anciana se escuchaba a la distancia – ¡le diré a tus padres que te castiguen, muchachito!

De una entre las muchas chozas de paja y carrizo, salen dos pequeños corriendo. Se trata de un niño no mayor a los diez años, tirando de la mano de su hermana menor. Vestían ropas viejas y gastadas, el varón con el pecho expuesto y ambos con un poco de pintura verde en sus rostros. Los achaques de la edad eran evidentes en el rostro de la anciana, y su cansado cuerpo no podía alcanzar a sus imprudentes nietos.

¡Anda, córrele o nos va a dar con el bastón! – el muchachito tiraba y la niña se limitaba a seguirlo. Corrían y corrían, y no pasó mucho tiempo para que dejaran atrás a su abuela.

Ya era noche, y tan solo el canto de los insectos y el cielo estrellado acompañaban a los pequeños en su travesía hacia una de las orillas del pueblo, donde había un bosque. Decían que era un bosque tan grande, que no había lugar de que este no rodeará en los alrededores. Por supuesto, los viejos también contaban que estaba embrujado y que nadie se debía adentrar a lo más profundo de este. Los que desobedecían, se les daba por muertos.

Abuelita dice que es muy peligroso, ¿no deberíamos regresar? – preguntó la hermana, quién respiraba agitadamente. No se habían detenido en casi todo el trayecto.–

No seas miedosa, tú escucha – tan solo el ruido del viento y los insectos – vamos, acerquémonos

Cuestión de minutos, y se percataron de el bosque no estaba del todo silencioso. El redoble del tambor y una vivaz flauta se alcanzaron a escuchar a la distancia. Era una fiesta en su apogeo, y personas translúcidas bailaban, comían y bebían y cantaban en suma alegría. Los ojos del pequeño se iluminaron y corrió hacia ellos, no sin antes sentir como su agarre se rompió súbitamente.

¡No! ¡Abuelita se va a enojar, le iré a decir! – y la pequeña corrió de regreso a toda velocidad. Por un momento pensó en ir por ella, pero la curiosidad se lo comía por dentro. Con una sonrisa, se comenzó a acercar hacia aquellos individuos.

Tan pronto se dieron cuenta de su presencia, le recibieron con abrazos y alegría. Tenían más de un caballo, coches de madera, fogata y hasta una pequeña casucha improvisada. Eran más de cien y todos disfrutaban, o al menos así fue por horas.

De repente, la hermosa mujer de cabellos rubios tenía el rostro inmaculado y sus orejas eran largas y afiladas. El tamborilero era tres veces más grande, y tenía dos lenguas afuera de su hocico con colmillos. Los que creyó que eran niños tenían vientres hinchados y eran calvos, haciendo ruidos graves y horribles.

Bienvenidoooo, pequeñínsintió una garra en su hombro. Le hablaba lo que parecía una comadreja parada en dos patas y del tamaño de un adulto, y le miraba con sumo apetito – ¿por qué no bailas un poco más?

Soltó un grito desesperado y quiso correr de vuelta a las afueras, queriendo abandonar ese lugar a toda costa. Las piedras lastimaban sus pies descalzos, y el follaje era más denso de lo que recordaba. Luchaba con todas sus fuerzas por salir, pero las advertencias de su abuela no habrían sido dichas en vano. De pronto se hallaba enredado, alzado por lianas y cepas que apretaban fuertemente ante cualquiera de sus esfuerzos. Los llantos eran estrepitosos, más nadie lo escuchaba. Sus extremidades le dolían mucho, y muchas espinas se habían enterrado en su cuerpo.

Pasaron horas y horas y ya no podía gritar más, tan solo se oían lamentos rasposos. Fue entonces cuando miró atrás de sí, y sus pupilas de dilataron. Aquel gran árbol que le sujetaba parecía mirarle con un gesto burlón. De su corteza se abrió una gran boca, y engulló al pequeño sin decir palabra. Y nadie más supo del pequeño, ni nadie lamentó su perdida.

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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Le Blanc el Jue Abr 14, 2011 12:52 am

Los Seis Hijos Condenados


Cuentan hace mucho tiempo y en un lugar no muy lejano, que había una mujer que sollozaba cada noche y cada luna ante el río. Ella pedía y gritaba que los seis hijos que le fueron arrebatados injustamente volvieran a sus brazos, siendo ellos lo que le daban sentido y propósito a su vida.

Los rumores son varios respecto a como fueron capturados cada uno de ellos, tomados a la fuerza y arrastrados por Las Espinas hasta llegar a la tierra de los Otros. En diferentes tiempos y circunstancias distintas, cada uno intentó volver por al escuchar la voz de su madre desgarrarse a la distancia.

El menor de ellos cambió mucho desde la última vez que le fue visto. Caminaba en cuatro patas, más aún podía manipular objetos con las patas frontales. Sus fauces eran como las de un coyote y su larga cola terminaba en una mano. Dice la leyenda que si esta era tomada, no soltaría a su presa y la llevaría hacia el corazón de Arcadia.

Los llantos de su madre lo acabaron guiando hacia ella, más esta no le reconoció cuando le tuvo frente a sí.

-
¿La voz de mi hijo, acaso tu tienes la voz de mi hijo? -

Aún al esforzarse, agudos ladridos eran lo único que emanaban sus fauces. Había cambiado y no era muy diferente de un animal. Colérica, esta le tomó de la garganta y lo terminó estrangulando, lanzando su cadáver al río. De nuevo le pidió al cuerpo de agua que le devolviera a sus amados críos.

Otro de ellos viajaba entre sueños, le decían el Alebrije. Sus formas eran varias y coloridas, nunca siendo descrito de la misma manera por las personas. Se encontró frente a los ojos de quién le dió a luz, más esta no le reconocía.

-
Muéstrame el rostro de mi niño, ¿cómo es el bello rostro de mi hijo? -

Había viajado tanto en los sueños, que la criatura no recordaba su apariencia original y en silenció se quedó. El mismo destino que su hermano menor sufrió a las orillas de ese río.

El cuerpo del tercero brillaba como las estrellas, y se decía que cada noche devoraba al sol para dar paso a la noche. Era conocido entre los habitantes como el Tzitzimitl. De igual manera, se encontró con una petición de la madre en agonía.

-
Muéstrame el brillo que vive en los ojos de mis pequeños. ¿Cuál es ese brillo que me ha sido robado? -

Más no había estrella que brillara con la hermosura de los ojos de un infante, por lo que la madre se sintió ofendida. Le tomó del cuello y le ahogó a las orillas del río, como a los que vinieron antes que él.

El cuarto tardó mucho tiempo en escuchar los incesantes llamados a las orillas del agua, ya que este disfrutaba hacer que los viajeros de los Setos se perdieran en sus caminos siempre cambiantes. Su apariencia casi no había cambiado a como cuándo era verdaderamente humano. Su madre no sería engañada tan fácilmente.

-
¡Di el nombre de mi niño, dilo ya! -

Tanto había estado en el Laberinto y a tantos seres engaño ahí, que entre mentiras su nombre quedo olvidado. Intento engañarla a ella, pero eso solo alimento la ira de la mujer, con la cuál le dio muerte como a los demás.

Los dos mayores lograron escapar juntos, por más que batallaron en reconocerse al principio. El mayor había crecido pelaje para protegerse del frío y sus pies eran muy largos y fuertes; tal era el deseo de ver su madre de nuevo. El otro era pequeño y calvo, con los pies al revés y con una manía de hacer travesuras.

El pequeño protegía las entradas a los Setos, por lo que le jugó una treta a su hermano mayor y se adelantó para ser recibido primero por los brazos de su madre.

-
¿Cuál es el nombre de esta madre que tanto te quiere? -

Tan desesperado había sido su escape, que no pudo poder sus pensamientos en orden. Habló y habló sin dar respuesta, encontrándose con las manos de su madre alrededor de su cuello ante sus palabras vacías.

El último y mayor logró escapar de la trampa en tan solo cuestión de unas horas. Malherido por el viaje, se encontró por fin con su madre, quién le reconoció rápidamente como el primogénito.

-
¡Hijo, te he encontrado! ¡Háblame, dime algo! -

La emoción sobrecogió al muchacho, ya que el no había podido hablar desde que dejó este mundo. Este se hecho a llorar y emitir gemidos sin sentido. La madre lo tomó aún con más coraje al sentirse engañada y lo ahogó hasta que este que las quejas de esa bestia no se escucharán mas.

Se dice que aún a la fecha, aquella desdichada sigue pidiéndole al río que le devuelva a sus hijos. Sus llantos, desgarradores alaridos, son rehuidos por toda criatura, temerosa de que esta tome venganza por aquella antigua injusticia. Es así como se le conoce a la mujer quebrantada, a La Llorona.

-
¡¡Ay mis hijos!! ¡¿Quién se ha llevado a mis hijos?! -
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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Yashem el Mar Mayo 24, 2011 4:08 pm

Poemas Anónimos de Amor y Muerte


No pude evitar notarte la otra noche, cuando salías de la última clase del viernes. Caminaste distraída y sola hasta la parada del autobús. Tus expresivos ojos de búho te delataban. Allí, de pie bajo el farol, pude ver tu mirada perdida, escondida tras gruesos anteojos. No había letargo ni desesperanza en ti. Muy al contrario; tu imaginación volaba lejos, explorando algún castillo encantado, o navegando en una pequeña barca a través del cielo. Cuando al fin subiste al autobús, el libro bajo tu delicado brazo mostró al fin los signos de su identidad; Azul… de Rubén Darío. Una fina elección de una fina dama.

Me gusta frecuentar la facultad de Filosofía y Letras. En la industrial ciudad de Monterrey, no hay cabida para la cultura. El pueblo se contenta con futbol, telenovelas, chismes, cerveza, y morbosas noticias amarillistas. La ultra-derecha conservadora domina la cosmovisión del empresario, que a su vez subyuga y condena al mediocre trabajador, transformándolo en una embrutecida bestia de carga. Aquí, en la universidad, puedo encontrar entre los frívolos y retardados estudiantes algunos que realmente intentan pensar, y tal vez uno que otro que en verdad lo logre.

Desde aquél viernes me he dedicado a observarte. Caminé a distancia segura de ti, para poder admirar tu hermosa y curva figura, apenas sugerida por tus holgados suéteres. Me maravillaba al ver tu suave perfil contra la luz amarillenta de las lámparas mercuriales, y de cómo se erizaban los finos bellos de tu piel cuando sentías el aleteo de las palomillas a tu alrededor. Nunca usaste perfume, pero a lo lejos, el aroma de tu cabello de terciopelo inundaba mi nariz cual olvidadas rosas de primavera. Siempre había un libro bajo tu brazo; ya fuera Juan Rulfo, García Marques, Mary Shelly u Oscar Wilde. Los libros son dignos acompañantes en tiempos de soledad; lo sé por experiencia.

Tomé tu bolso un día, sin que lo notaras. Leí en tus credenciales el nombre de Sofía. Sin necesidad de tintas ni papel, aprendí de memoria tu dirección. Se ve que eres muy sencilla en bienes, mas eso no te degrada. Al contrario, te da mas valor ser tan bella rosa, a pesar de crecer en medio del pantano de lo vulgar.

Entregué tu bolso en la oficina de objetos perdidos. No retiré de ella ni un centavo. Esperé pacientemente a que volvieras a preguntar por ella. Valió la pena ese mal solo por verte llena primero de preocupación y luego de alivio. Aún más grato fue ver tu rostro ruborizarse cuando encontraste la nota que guardé para ti. Uno de mis mejores poemas. Sé que eres el tipo de chica romántica que agrada de un admirador secreto.

Dejé otros poemas para ti, y al principio vi que te gustaban. A través de tu ventana, medio cubierta por palomillas, pude ver como soñabas despierta en tu cama con aquel galante caballero que te dedicaba sus sonetos. Me quedé a verte por largas horas, hasta ver como tu imaginación te llevaba al placentero explorar de tu intimidad. Asomaron al fin las femeninas formas que tanto te esforzabas por esconder, y comprobé que no había errado en mis fantasías. Escuché con fuerza el latido acelerado de tu corazón, mientras tu cuerpo completo palpitaba, mientras dabas forma en tu mente al desconocido poeta.

Poco a poco me fui acercando. Los poemas fueron cada vez más frecuentes, y más intensos. Poco a poco fuiste sintiendo mi presencia. Ya fuera tras la esquina, o detrás de alguno de los pilares del edificio de aulas, o de camino a tu casa, sentí erizarse el cabello en tu nuca. Caminabas rápido siempre que veías las palomillas negras rondando cerca. ¿Qué los poemas ya no eran de tu agrado?

Mis letras se volvieron cada vez más carnales y explícitas, nunca llegando a lo prosaico, por supuesto. A pesar de mi empeño y pasión, dejaste de leerlas. Sé que no era por falta de interés. Pareciese que empezaras a odiarlas… o a temerles. Fui algo más lejos, y empecé a dejar mis notas en lugares donde tuvieras por fuerza que encontrarlas. Primero en tu ventana, luego en el cajón de tu ropa interior, e incluso debajo de tu almohada.

Me decepcionó mucho ver tu rostro tan bello en una mueca de espanto. Hablaste con tus compañeros para que estuviesen alertas de ver a alguien sospechoso. Se hizo gran escándalo en la facultad. Se hizo noticia de un degenerado que andaba suelto. Buscaron en todos lados, incluso bajo las piedras, pero nunca me encontraron.

Tus padres se alarmaron tanto como tu. No pasó mucho tiempo para encontrarme una patrulla todas las noches fuera de tu casa. Todos sus intentos fueron inútiles. Los oficiales, con su cabeza más llena de cebada que de sesos, solo pudieron ver de mi las palomillas. Entré por tu ventana, y me acerqué a tu cama, donde dormías intranquila.

Oh, bella criatura de los ojos de búho. Pensé que tu eras diferente. Pensé que, habiendo leído tanto, podrías apreciar en verdad las galanterías de antaño. Nadie atesora tu belleza y tu imaginación más que yo. Pensé que lo entenderías. Pensé que serías digna del hermoso regalo que tenía para ti; un regalo prohibido. En verdad pensé que lo entenderías.

Resultaste ser igual a las otras. Con el amargo sabor del desencanto, hice lo que tenía que hacer. Ahora tu sangre corre por mis venas. Ahora tus humores vitales me darán sustento en este réquiem interminable. Así como las otras, y los otros, solo mereces de mi el olvido.

Descansa en paz, amor mío, que por la eternidad no volverás a sentir miedo.


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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Tank el Mar Mayo 24, 2011 6:19 pm

He de decir que me dio gusto leer este último escrito. Espero algún día poder releerlo en algún libro publicado por alguna casa editora. Simplemente sublime el manejo del personaje. ¡Excelente relato! ¡Felicidades al autor!

_________________
“Mataste a mi amigo. Secuestraste a mi hermana de batalla. Viniste hasta mi casa a burlarte de mí. Pero cometiste un error: ¡Me dejaste vivir! Hasta la más oscura noche termina cuando llega el amanecer…”
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Re: Cuentos de Terror

Mensaje  Yashem el Mar Mayo 24, 2011 8:28 pm

Dejaré que un simple "Gracias" lo diga todo. Me alegra que os guste.
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Re: Cuentos de Terror

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